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Alfredo gobbi 2

Alfredo Gobbi fu da tantissimi suoi colleghi considerato un talento fuori dal comune, rappresentante emblematico del tango come genere musicale emblematico di una città. Angel Villoldo disse che l’appellativo de El violín romántico del Tango era riduttivo per un genio come Gobbi, sempre alla ricerca di nuove tracce armoniche che nascevano dentro incredibili laboratori musicali. Del resto, ad Alfredo nemmeno importava più di tanto quale etichetta venisse utilizzata per esaltarne le doti di musicista e direttore.

Astor Piazzolla, sempre molto duro nelle sue esternazioni, disse di Gobbi “hombre muy humilde y el padre de todos los que hacen música en el tango“.

Anche Horacio Salgán disse che “fue un creador de creadores que siempre me asombra, en cada tema encuentro una flor” musical” ed Emilio Balcarce aggiunse, a proposito dell’orchestra che Gobbi dirisse, che “esa formación siempre buscó mejorar su expresión“.

José María Otero ha condiviso un suo ricordo personale di Alfredo Gobbi, a molti anni dalla scomparsa del maestro. Riporto di seguito alcuni estratti, mentre per la versione integrale è possibile visitare il relativo link a fondo pagina.

Conocí a Alfredo gracias a Pirulo, un atorrante de la barra, que era hincha suyo y lo trajo al barrio. Nosotros éramos alegres dieciochoañeros, despreocupados y atentos al vaivén del equipo del cuore, la orquesta que nos tiraba, la silueta de las pebetas que pasaban repiqueteando su taquito en la vereda y la milonga con su rante berretín. Los jueves armábamos un morfi bien grasón en una fonda de la calle Los Patos entre Colonia y Luna y no sé cómo Pirulo lo arrastró a Alfredito a una de aquellas comilonas, a las cuales el gran troesma se nos haría habitué. Incluso trajo a uno de sus cantores, el colorado platense Héctor Coral, y luego aterrizaría gente como Rodolfo Lesica, Julián Centeya, José Berón y algunos futbolistas.

A veces, cuando las copas habían realizado el prefacio situacional, el hombre se paraba sobre la silla y dirigía la orquesta virtual que lo seguía en Amurado, al estilo Pugliese. Nosotros éramos los supuestos músicos que pronunciábamos las notas correspondientes, vocalmente,  aunque vendría la lógica desbandada en las variaciones que había creado Maffia para tan hermosa página y que no podíamos seguir tarareándolo en compás. Un torcan del rioba cantaba los versos olvidados de temas como Entrada prohibida o La Payanca y siempre había alguna otra gola generosa.

Al socaire de la nostalgia no puedo menos que revivir infinidad de escenas que me quedaron registradas con muchos de aquellos personajes con los que mantuve amistad como Centeya, con quien pasé largas noches y compartí posteriormente micrófonos. Las vigilias me nutrieron de anécdotas imborrables y recuerdo las palabras de Alfredo aconsejándome para no caer en vicios que a él terminarían destruyéndole.” […] “Todos sabemos del terrible final de Alfredo Gobbi. Vencido por el alcohol y las drogas, tocando en lugares de mala muerte, viviendo en una pensión lamentable, alejado de los amigos y la familia, a su deceso en 1965, hubo que hacer una colecta entre tangueros para rescatar su legendario violín que el dueño de la pensión se quedó para recompensar la deuda del inquilino.”

Quería contar una anécdota intransferible que viví a su lado. Un amigo lo había invitado a un asado nocturno en una casa de Puente Alsina y Alfredo me coló. Era en una de esas casas chorizo, con parral y gallinero al fondo, guitarras, canto y el infaltable truco del alba. Estábamos en el feca, frente a la radio, tomamos algo y nos mandamos en un taxi que paramos en la puerta. Al llegar al Obelisco, se agarra la cabeza y recuerda: “¡Huyyyy, me olvidé el violín en el bar….volvamos rápido por favor!”. Yo recordé que eso le pasaba seguido al despistado Edgardo Donato, porque ya conté que andaba a veces con el Negro Almada que cantaba con él. El chofer pegó la vuelta y cuando Alfredo entra al boliche, me comenta: “¡Es el maestro Gobbi! Yo soy fanático de él, qué bárbaro!”. Y retomamos la marcha. Aproveché para contarle: “¿Sabés que el hombre es hincha tuyo? Mirá que suerte…”. Agarramos Rivadavia, pasamos el Congreso y Alfredo me dice. “Tenemos que tocarle algo al amigo entonces, ¿no te parece, Josecito?”. Desenfundó el violín y el hombre, asombrado paró el coche. Gobbi entró a tocar Ojos Negros de Greco, y de repente lo mezclaba con la canción rusa homónima (Ochi chornye) y entramos los tres en trance con el maestro que cerraba los ojos, arrancándole al instrumento una vibración emocional inolvidable Era una noche de luna llena y me empezó a correr un frío por la espalda increíble. Sin darnos cuenta el tachero y yo teníamos los ojos llenos de lágrimas y el hombre, por supuesto compartió toda la velada con nosotros posteriormente. Fue uno de los momentos más sublimes que he vivido con el tango y sus grandes personajes. De aquella época irrepetible de bohemia y amistad que ha quedado sepultada por la post modernidad.”

Fonti consultate

  1. Tomás Buenos Aires – Alfredo Gobbi, un todo terreno del tango
  2. Tango al Bardo – Un recuerdo de Alfredo Gobbi
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